• Arquitectura y espacio público

    • Como si fueran erigidas a pinceladas, las obras de este arquitecto brasileño han extasiado al mundo.

    Oscar Niemeyer: las edificaciones pictóricas y el hábitat de la curva / 

    “Se ha dicho, con razón, que el efecto de un aposento de bellas proporciones debe percibirse aun cuando se transite por él con los ojos vendados”, escribió Heinrich Wölfflin en su célebre libro Conceptos fundamentales de la Historia del Arte. A la arquitectura se le reconoce como el vestido que se coloca en el ambiente para que el fronterizo, es decir nosotros, los hombres que transgredimos los limites y entramos a cada momento, deambulemos por secciones diferenciadas y cargadas de significados, códigos o símbolos tan diversos como edificios existen. Los sentidos, en cada lugar donde se ha colocado un vestido arquitectónico significativo, de belleza inigualable, se encuentran exacerbados y permiten disfrutar con los ojos vendados de la perfección que los rodea.

    Hablar sobre la visión de Oscar Niemeyer (Río de Janeiro, 1907) significa tratar de abordar el complejo creativo que ha permitido a este centenario genio moderno trazar con sensualidad los prodigiosos vestidos de concreto que ahora podemos usar nosotros, los transgresores de los límites en el espacio.

    Las obras que ha concebido este arquitecto son estructuras pictóricas que danzan en el entorno como lo haría una pincelada en el lienzo, como una sucesión de trazos, que tienen una relación perfecta entre sí. El portento efectuado en el entorno en que se han colocado sus creaciones, amalgaman perfectamente con el espacio y su belleza intrínseca; sus edificios permiten disfrutar al máximo los alrededores, por ejemplo, con escaleras que son espirales y, mientras se gira en ellas, se admira el paisaje, se aprecia el inmueble y se prepara el espíritu para habitar una obra de arte.

    Oscar comulga con la idea de cambiar el mundo para el bien de las mayorías, y aunque ha aseverado en más de una ocasión que con la arquitectura no lo logrará, sigue trabajando para asegurar que sus creaciones inspiren a los que lo hacen.

    La comprensión de la curva que posee este creador tenaz es inigualable, inspirada por la naturaleza y sus movimientos sutiles, encaja con fluir orgánico de caracolas, lirios y plantas. “Ellos habían olvidado que la gran arquitectura está en los orígenes mismos de la humanidad, y que es el producto inmediato del instinto humano”, palabras de Le Corbusier que encierran la esencia en el trabajo de Niemeyer, lo cual no es de sorprender, pues estos dos arquitectos convivieron y coincidieron en ideales.

    Joseph Rykwert plantea, bajo el supuesto de que Adán tuvo que haber habitado una casa en el paraíso, la carga simbólica que posee la arquitectura. Dando por verdadera la suposición, esa morada adánica, en aquel paraíso arrebatado, seguramente yace en el profundo inconsciente de todos nosotros. En el caso del arquitecto brasileño, Niemeyer accedió en este torrente fructífero de lo invisible, y como Prometeo robó el fuego de los dioses, extrajo la fórmula secreta para construir esos espacios en que se reconoce la belleza originaria, la belleza fecunda de los arquetipos terráqueos: la gruta, la caverna, el árbol, el bosque.

    El artículo de Oscar Niemeyer en Wikipedia. En YouTube, A vida é um sopro, documental de Fabiano Maciel sobre el arquitecto con la participación, entre otros, del propio Niemeyer, Chico Buarque de Hollanda, Carlos Heitor Cony, Eric Hobsbawm y José Saramago (2010, subtitulado).

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