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    • Un futuro en el que la democracia funciones a través de un esquema de colaboración distribuida abierta –o crowdsourcing—podría no estar muy lejos.

    Crowdsourcing: el futuro de la democracia y de la participación ciudadana / 

    Numerosas compañías que empiezan ya no sólo a utilizar el outsourcing, sino el crowdsourcing, reportan beneficios económicos de este tipo de “colaboración distribuida abierta”. La experiencia actual demuestra que utilizar el poder y la inteligencia colectiva como valor agregado arroja buenos resultados. Este prometedor modelo quizás tiene su acepción más prometedora en la evolución de la sociedad civil dentro del ejercicio de la democracia.

    Si bien para muchos la democracia es un mito de nuestros tiempos, el crowdsourcing podría revelar el acercamiento máximo a este sistema de gobierno, cumpliendo con la ayuda de la tecnología el idilio que fuera delineado en la antigua Grecia.

    El crowdsourcing se basa en externalizar tareas a un grupo numeroso de personas, las cuales participan libremente a través de un modelo dinámico en el cual generalmente tienen la capacidad de decidir cuanto tiempo le dedican a una tarea. Las habilidades de cada individuo son puestas al servicio del colectivo, el cual, en ocasiones, funciona como un sistema integral tipo colmena.

    Una muestra del poder ciudadano del crowdsourcing recientemente fue demostrada por un ejercicio de futurología –o lluvia de ideas global—llamado “Connected Citizens”. Participando en un videojuego interactivo 516 personas generaron micro-predicciones en temas que iban desde el futuro del presupuesto público a nuevas formas de incentivar la asistencia social. La naturaleza del juego era tal que las propuestas generadas por los jugadores –ciudadanos virtuales—que más respuestas positivas tuvieran eran las que ganaban. Esto es ya, a grandes rasgos, un modelo de democracia digital.

    Imaginemos una sociedad muy participativa en la cual existe acceso universal a Internet. En esta sociedad el presupuesto de gastos locales de una ciudad podría ser generado y aprobado por los ciudadanos a través de un mecanismo de crowsdsourcing. “Las personas podrían proponer ideas cívicas y obtener estipendos para gastar en la forma de Kickstarter. Esto podría tener una base de mercado y las personas podrían usar dinero de los impuestos para hacer las cosas que quieren. Sería  más rápido y divertido que el gobierno regular”, dijo Kevin Dunagan, del Instititute for the Future, uno de los creadores de la interfaz de “Connected Citizens”, al sitio Fast Co. Design.

    Otras de las vertientes que los participantes de este ejercicio imaginaron fue un mecanismo para incentivar el buen comportamiento cívico. Un buen ciudadano, por ejemplo alguien que contribuya a la comunidad asistiendo a adultos mayores, reforestando o saneando vías de tráfico, podría ser remunerado de alguna forma, posiblemente a través del crowdfunding o de un fondo asignado por la ciudad. Una red de vigilancia ciudadana podría ser implementada en la que la contaminación y la inseguridad podrían ser combatidas a través de la asistencia comunitaria basada en el acceso a información móvil.

    Lo interesante del caso es que existen ejemplos en la actualidad del crowdsourcing como un incipiente sistema democrático. En Islandia recientemente se utilizó un modelo de crowdsourcing para escribir una nueva constitución  a través de Facebook y Twitter. Los ciudadanos de esta sobresaliente isla tomaron las riendas del país ante el desencanto de la crisis económica y de la colusión entre los políticos y los bancos.

    El caso de Islandia es un excelente ejemplo, aunque no completamente aplicable ya que este país está conformado por una sociedad con una cierta uniformidad y una alta educación. Sin embargo, acaso desde lo que ocurrió Atenas hace casi 2500 años, no se ha visto en la historia un ejemplo de democracia pura e ilustrada tan vital como el de Islandia. Un ejemplo que, con el crowdsourcing, quizás muchos otros países puedan seguir en un futuro.

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