• Territorios Fantásticos

    • El brillante escritor argentino estiraba los límites de la realidad para construir espacios imaginarios con exquisita fidelidad.

    Cuando la realidad no es suficiente: Borges y los lugares imaginados / 

    Es bastante conocida la inclinación que tenía Jorge Luis Borges de inventar referencias inexistentes para dotar sus escritos de “seriedad académica” y hacerlos pasar como una fuente confiable para la investigación posterior, lo que provocaba en lector curioso cierto desasosiego al no encontrar físicamente aquel libro, aquel artículo o aquella enciclopedia citada tan pulcramente en los textos borgianos.

    A un lector también curioso, pero quizá más abierto, el juego con la realidad, la objetividad y la verosimilitud le causaría, por el contrario, el deseo de continuar viviendo –leyendo– el intricado mundo imaginario de Borges.

    El entrañable argentino fue generoso con este segundo lector y le ofreció incluso la idea de un lugar al cual poder conducir sus imaginaciones: escribió el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, incluido dentro del transparente título Ficciones. En éste, Borges urdió la posibilidad de la existencia de un mundo creado no sólo por una persona, sino por múltiples, que, aunque formaran una secta, compartían los descubrimientos de un mundo inventado y descrito por ellos:

    ¿Quiénes inventaron a Tlön? El plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor –de un infinito Leibinz obrando en la tiniebla y la modestia– ha sido descartada unánimente. Se conjetura que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras… dirigidos por uno obscuro hombre de genio. Abundan individuos que dominan esas disciplinas diversas, pero no los capaces de subordinar la invención a un riguroso plan sistemático. Ese plan es tan basto, que la contribución de cada escritor es infinitesimal.

    En estas tierras imaginarias (y sin embargo existentes en la escritura de un grupo de entusiastas, primero y, segundo, en la lectura de la invención borgiana y por ende posibles en la mente de cada lector), se caracterizan por ser, en todo, idealistas. De esta manera, no existe el solipsismo, pues ¿cómo imaginar un único individuo, si no es más que un accidente de la idea del individuo? y todo está vinculado con todo. Ni siquiera los sustantivos de las lenguas de Tlön remiten a entidades puramente reales, por el contrario, encierran, siempre objetos poéticos:

    En la literatura de este hemisferio (como en el mundo subsistente de Meinong) abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas. Los determina, a veces, la mera simultaneidad. Hay objetos compuestos de dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo: el color del naciente y el remoto grito de un pájaro. Los hay muchos: el sol y el agua contra el pecho del nadador, el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, la sensación de quien se deja llevar por un río y también por el sueño. Esos objetos de segundo grado pueden combinarse con otros; el proceso mediante ciertas abreviaturas, es prácticamente infinito. Hay poemas famosos compuestos por una sola enorme palabra. Esta palabra integra un objeto poético creado por el autor. El hecho de que nadie crea en los sustantivos hace, paradójicamente, que sea interminable su número.

    Esta falta de sustancia tangible abre posibilidades de concepción impensables para el ser humano ordinario que habita la Tierra, sobre todo aquel que vive cada vez más aislado de lo que y los que lo rodean. No podía ser de otra manera, la disciplina que campea en Tlön no es otra sino la psicología.

    En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” Borges creó, gracias a los grados que posibilidad que permite la mentira bien contada, un mundo fantástico y apetecible, al que ahora podemos habitar si nos permitimos leer el cuento y quebrar nuestras creencias de la realidad.

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