• Territorios Fantásticos

    • Más de tres mil metros de relieve conducen por rincones de recogimiento y transición espiritual, este resguardo natural es cuna milenaria de la búsqueda trascendental en un paisaje que emerge entre nubes.

    El Monte Emei: el sagrado portal al primer monasterio budista en China / 

    El budismo, por su filosofía universal, es de las pocas religiones que no veneran a un dios supremo. Esta cualidad conlleva el que las personas, cualquiera de nosotros, tengan un origen divino. Y en este sentido es quizá la religión más democrática: la búsqueda espiritual es un camino de perfeccionamiento posible, e incluso necesario, como parte de la evolución natural de la conciencia.

    En su llegada a China, esta filosofía trascendental tuvo su recibimiento más significativo con la construcción del primer templo budista, una expresión de evidente acogimiento. El primer monasterio se erigió en el Monte Emei, una de las cuatro montañas sagradas de esta religión en este país. El monte situado al suroeste, en el estado de Shu, tiene una elevación de 3,099 metros, y es considerado la cuna sagrada de esta tradición espiritual en China.

    Emei aloja diecisiete monasterios y en algunos de ellos se practicaba, además del budismo, las artes marciales milenarias de China, un sincretismo místico que se dio en pocos lugares. Los monasterios se levantan en desniveles, acoplados amablemente al paisaje, y asentados en sus inminentes terrazas. La obra más emblemática de esta montaña es el magno monumento a Buda llamado el Gran Buda de Leshan, de setenta metros de altura, levantado en el siglo XVIII, y serenado por los tres ríos que convergen a sus faldas.

    El primer monasterio de Emei fue edificado en el siglo V, junto a la enorme estatua dorada del bodhisattva Samantabhadra, protector de la montaña, con sus setenta toneladas de bronce. Hoy hay un teleférico que transporta a los paseantes hasta la cima, pero los más devotos, hacen el trayecto a pie, unos setenta kilómetros en un recorrido de tres días en que atraviesan praderas y escalinatas.

    Los puntos más contemplativos del sitio son los valles de nubes que se forman al pie de los visitantes, donde, dicen los mitos, se observa la luz de buda. Cientos de peregrinos antiguos se lanzaron sobre el destello porque creían que el propio buda los llamaba… El paisaje forestal, la calma, la alegoría arquitectónica que alude al ritmo natural del paisaje, y la estela de esta filosofía que se respira en un llamado a la auto perfección, son un legado que  recorre sus escalinatas y rincones: el monte Emei parece destinado a la cavilación profunda.

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