• Territorios Fantásticos

    • Como un exquisito paisaje de Marte adecuado en la Tierra, en la Isla de Qeshm de Irán, el Valle de Las Estrellas adorna mediante naturales esculturas de rocas erigidas hacia el cielo, un espacio desértico y hermoso, que en ocasiones se tiñe de naranja.

    Isla de Qeshm: un valle marciano donde quiza estuvo el Jardín del Edén / 

    La isla de Qeshm, en Irán, está situada a unos pocos kilómetros de la costa sur del país, y ocupa una superficie de 1491 kilómetros cuadrados. Algunas leyendas cuentan que justo aquí estuvo ubicado el jardín del Edén. La isla alberga el Valle de las Estrellas, donde según los habitantes de la región, una estrella cayó y produjo su peculiar morfología. Este valle alberga picos y estructuras de piedra blanca que florecen del suelo, como si se tratara de un bosque de estructuras óseas, de variadas figuras.

    Justamente esta diversidad de formas en sus rocas han dado al lugar a un místico ambiente. Los nativos del Valle evitan deambular por aquí en la noche, pues están convencidos de que ahí deambulan fantasmas en tránsito continuo. La erosión y las tormentas en el periodo cenozoico provocaron las formaciones de piedra, comparables a estructuras esculturales, siempre impredecibles, que oscilan entre 7 y 15 metros. Algunas figuras en forma de picos, evocan a caminos de un palacio, mientras que otras parecieran vestigios de un castillo en ruinas.

    Por su irrepetible y única estructura geomorfológica, la UNESCO ha declarado este valle como sitio natural protegido. El lugar, ubicado dentro un peculiar desierto, recuerda a los paisajes marcianos, cuya desoladora atmósfera pareciera esconder secretos de pasadas  civilizaciones. Además, la carga histórica del lugar es también importante, se cree que esta isla fue descubierta por Ptolomeo, y que fue llamada Alejandría, figurando en los registros históricos desde siglos anteriores a  nuestra era.

    El Valle de las Estrellas, sin duda representa un refugio para aquellos viajeros que gustan de la energía del desierto, aunado a adornos naturales que guardan siglos de historia, incluyendo al más emblemático de sus mitos, y es que tal vez sus esculturas calizas sean los restos de un edénico jardín.

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