• Senderos imaginarios

    • La vida como un jardín literario: una evocación del Botanischer Garten Berlin.

    Jardines del mundo: Botanischer Garten Berlin / 

    Hay pocas cosas tan placenteras como pensar en un jardín. A veces, parecido a lo que decía Pessoa («Prefere pensar em fumar ópio a fumá-lo»), prefiero pasear por el Jardín Botánico de Berlín desde mi silla, por sus bambúes gigantes y sus tapetes de flores. Quizá porque la realidad queda muy lejos o quizá también porque las plantas que lo constituyen son tan ilusorias que bien podrían ser producto de la imaginación de alguien, un Xanadú teutón al que se accede desde cualquier parte. Pensar en el jardín como quien recuerda un lugar y vuelve a él como fantasma… Porque la memoria y la imaginación tienen mucho de lo mismo.

    El Jardín Botánico de Berlín, con más de 300 años de historia, se levanta entre la metrópolis como el decreto de Kubla Khan: una suerte de Pleasure-Dome de quien lo encuentra. Su aparición data de principios del siglo XVII, cuando formaba parte de la huerta real localizada en los jardines recreativos del castillo berlinés. En 1679 el Gran Elector dio instrucciones de construir un modelo agrícola que se instaló en Schöneberg, para que doscientos años después se reubicara en Dahlem, comprendiendo así un área de 51 hectáreas y convirtiéndose en uno de los más grandes e importantes jardines del mundo. Hoy en día, entre el orden urbanístico que caracteriza a Dahlem, como un secreto indómito —aunque también ordenado— se posa este jardín ofreciendo a los hombres algo así como el centro del laberinto: «Where blossomed many an incense-bearing tree».

    Aquí, en el centro de un laberinto alemán, se extiende el jardín mítico de Coleridge y de Blake (y quizá, por su tamaño y diversidad, se extiende el jardín mítico de cualquiera que alguna vez haya pensado en esto), ofreciendo al visitante un abanico de ecosistemas. El invernadero principal, símbolo arquitectónico del lugar, es una casa de cristal que data de 1906, con dimensiones que la colocan entre las más grandes del mundo y sin duda la más impresionante. Aquí cohabitan orquídeas, helechos, suculentas, plantas acuáticas e insectívoras, palmas, lianas, ficus de tamaños imponentes, por mencionar algunas. Pero la planta más grande de este lugar es sorpresivamente de la familia del pasto, el bambú gigante Dendrocalamus giganteus, traído del sureste de Asia. Sus tallos alcanzan a medir 26 metros de altura dejando a la escala humana como liliputiense. Además encontramos la semilla más grande del mundo, Coco de mer o Coco de las Maldivas, que llega a pesar hasta 20 kilogramos, fruto de una palma de aproximadamente 30 metros de altura.

    Entre las especies más extraordinarias de este invernadero, el Amorphophallus titanum, literalmente “falo amorfo titánico”, es la más inquietante. Además de su implicación sexual en el pistilo y su sorprendente tamaño, es una flor que desprende un fétido olor a carne podrida, rasgo que le ha valido el mote de “planta cadáver”. Su floración es un acontecimiento, pues solo ocurre tres o cuatro veces en los cuarenta años que vive; después la flor solo vive tres días. En el clímax de su vida llega a pesar 75 kilogramos y destila el dejo necrótico de las flores cortadas. Es un símbolo perturbador de la muerte y el sexo. Baste entrar a esta casa de cristal para sentirse tornadizo entre la realidad y lo maravilloso.

    Agotado el recorrido casi fantástico dentro del invernadero, el jardín brinda espacios abiertos que, como universos alegóricos, representan la estación del año como se vería en cada lugar del mundo. En primavera, por ejemplo, en las regiones boscosas, brotan sigilosas las gotas de nieve, las hepáticas, las acónitas de invierno, las anémonas del bosque: todas flores blancas que aún tienen luz suficiente justo antes de que los árboles recuperen su follaje. En el jardín de plantas acuáticas emergen la caléndula acuática, con su característica forma de lámpara que ilumina el fango, la flor de cuclillo y toda clase de orquídeas acompañadas por un coro de sapos. En los bosques de Norteamérica numerosas flores chiquitas como las campanillas de Virginia y los lirios de Trillum forman un tapete, mientras que arbustos de lilas y olivos guían el camino entre el arboretum hacia el pabellón de rosas. Alrededor de este te encuentras con una multitud de árboles frutales en flor, sobre todo la sakura o flor de cerezo que dibuja en el recorrido un fragmento de Japón. Luego llegas a Asia Central con sus tulipanes salvajes y en seguida estás al pie de los Alpes, rodeado de praderas de azafrán que colindan con Grecia y los Balcanes, mientras gradualmente vas olvidando que en realidad estás en la ciudad de Berlín. “Feliz aquel que vive con los ciclos de la tierra y el cielo”. Estar en todos los puntos donde no estoy al mismo tiempo, la meta invisible de Pessoa.

    Acompañando al jardín botánico está el museo, donde se presentan muestras botánicas, el único de su especie en Europa Central. Las maquetas exhibidas destacan los detalles morfológicos de las plantas que no se perciben a simple vista. Hay criptogramas que amplifican algas, flores, frutas y semillas para entender a las plantas desde sus tejidos. Pero como todo lo que existe, dicen, tiene su contraparte en el mundo verbal, el Botanischer Garten tiene su axis en una biblioteca de literatura botánica universal. El centro del centro del laberinto. Aquí viene a la mente Borges, que imaginaba el paraíso en la forma de una biblioteca y al jardín como un día de fiesta en la pobreza de la tierra.

    La biblioteca de este jardín es una fracción de su mismo laberinto, sirviéndose del lenguaje para hablar de sí misma y espejear a los árboles que la rodean. Todas las especies botánicas conocidas por el hombre (¿o imaginadas?) se pueden encontrar, si no vivas, mencionadas en alguno de sus libros. El acervo comprende casi 200,000 volúmenes de literatura sobre plantas en prácticamente todos los idiomas. Estos libros se pueden consultar libremente e incluso copiar.

    Como ya se dijo, esta región del planeta —que es a su vez todas las regiones— ofrece un trago de la leche del paraíso. Sí, es verdad que hay que cruzar el Atlántico para encontrarlo y perderse; empero, por ahora baste imaginar.

    Author: María Galera Tagged: jardines del mundo, jardinería, Botanischer Garten Berlin Credits: 1 (Matthias Hebenstreit)