• Viajes y Viajeros

    • En 2005 el argentino Juan Pablo Villarino emprendió un viaje que tuvo como propósito conocer la hospitalidad y la generosidad del mundo entero; para ello se ha trasladado de un lugar a otro únicamente con personas que lo acogen en el camino.

    Juan Pablo Villarino ha recorrido el mundo en autostop / 

    Some years ago ―never mind how long precisely― having little or no money in my purse, and nothing particular to interest me on shore, I thought I would sail about a little and see the watery part of the world. It is a way I have of driving off the spleen and regulating the circulation.

    Melville, Moby Dick

    El viaje es ante todo una decisión. Más allá de los preparativos y los requerimientos, no hay viaje que se emprenda si en un momento único se decide dejar el lugar de residencia habitual para aventurarse hacia territorios desconocidos e ignorados. En este sentido, es cierto que el dinero ahorrado, las maletas preparadas, la ropa adecuada para el clima del lugar al que el viajero se dirige, etcétera, son elementos importantes en la toma de dicha decisión, pero a fin de cuentas secundarios, acaso también prescindibles, pues un viaje bien podría iniciarse en este mismo instante, salir con nada más que lo que se trae puesto y, quién sabe, incluso así recorrer el mundo.

    Con tanto o más o menos romanticismo, ese ha sido el caso de Juan Pablo Villarino, un trotamundos contemporáneo de origen argentino que desde 2005 ha viajado gracias, casi exclusivamente, al autostop, el conocido gesto de situarse a un lado del camino y con el pulgar extendido y los demás dedos cerrados en puño, hacer saber a los conductores que pasen por ahí que, en parte, llevamos el mismo camino que ellos, y que quizá podrían ahorrarnos tiempo y recursos deteniéndose y llevándonos, a cambio de una buena plática, una anécdota desconocida, acaso un chiste memorable.

    Villarino define sus viajes como “una cruzada por documentar la hospitalidad del mundo”, el nomadismo como testificación de la vida cotidiana de los distintos pueblos del mundo, sus particularidades y sus diferencias, las semejanzas que hermanan a los más distantes y las circunstancias específicas que determinan tal o cual costumbre.

    Teniendo como tope los 5 dólares de gastos diarios y cargando a cuestas una mochila, “La Maga”, con “ropa, bolsa de dormir, carpa, agua, ordenador portátil y cámara fotográfica”, Villarino comenzó su expedición en Belfast, Irlanda del Norte, y a partir de ahí ha seguido a cerca de “60 países y territorios, recorriendo con la estrategia del autostop más de 132.000 Km. y abordando más de 1200 vehículos de todo tipo”.

    En subterráneos y parlamentos conversé con mendigos y vicepresidentes pero, sobre todo, nunca dejé de desear que cada horizonte reencarne en nuevas huellas.

    Así describe este “acróbata del camino” su aventura, con palabras que en cierta forma hacen pensar en "El Inmortal" de Borges:

    Recorrí nuevos reinos, nuevos imperios. En el otoño de 1066 milité en el puente de Stamford, ya no recuerdo si en las filas de Harold, que no tardó en hallar su destino, o en las de aquel infausto Harald Hardrada que conquistó seis pies de tierra inglesa, o un poco más. En el séptimo siglo de la Héjira, en el arrabal de Bulaq, transcribí con pausada caligrafía, en un idioma que he olvidado, en un alfabeto que ignoro, los siete viajes de Simbad y la historia de la Ciudad de Bronce. En un patio de la cárcel de Samarcanda he jugado muchísimo al ajedrez. En Bikanir he profesado la astrología y también en Bohemia. En 1038 estuve en Kolozsvar y después en Leipzig. En Aberdeen, en 1714, me suscribí a los seis volúmenes de la Iliada de Pope; sé que los frecuenté con deleite.

    Y quizá la comparación no sea casual. En cierto sentido viajar y compartir nuestros viajes con otros, tal y como hace Villarino por la vía de la hospitalidad, nos acerca a la inmortalidad, a esa forma de la inmortalidad posible en las acciones que realizamos en beneficio de otros.

    En este enlace, el blog de Villarino, en donde comparte las crónicas de sus viajes.

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