• Destinos Inspiradores

    • Ciertos espacios engalanan la experiencia solitaria: este parque con cientos de senderos y montañas andinas, acompaña con su elocuencia la trayectoria del transeúnte de los pensamientos.

    La persuasiva transparencia del Parque Nacional de los Glaciares / 

    Las faldas de las cordilleras montañosas son rincones especiales. Abrazan algo, quizá al visitante, que termina por expirar una pureza inusitada. El potencial de vida asomado en el  paisaje, por ejemplo en este, es latente: nieve en la copa de las montañas, el verde híper-vivo de las colinas, agua cristalina en sus lagos, y frondosos pinos de olores profundos, se conjugan para proponer un potencial edén.

    En Montana, Estados Unidos, colindando con los estados canadienses de Alberta y Columbia Británica, el Parque Nacional de los Glaciares se levanta estrepitoso y transparente. Alberga 130 lagos, agazapados bosques, decenas de cascadas, la tundra albina, y una cadena andina montañosa, que visten escenografías con el lenguaje del ensueño. El senderismo, una de las prácticas más poéticas, antropomórficas,  y reflexivas, puede andarse en sus más de 1,300 km de caminos diseñados para esta meditación andante.

    Es un lugar aparentemente concebido para la soledad que conjuga el placer y el desliz gozoso de los pensamientos trascendentales: el trance estético y la contemplación como brújula omnipresente . Este parque es la corona de una vasta zona de  protección natural de casi 44 mil metros cuadrados de naturaleza. Se tienen ubicadas más de doscientas cascadas en el sitio. Además, este parque es dueño de una historia milenaria, ya que fue habitado por los nativos norteamericanos desde hace diez mil años, y los matices en los cimientos de la cultura priístina de E.U, basada en la comunión con la naturaleza, se desdobló como contacto con estas tierras.

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