• Excentricidad

    • Cada año el Museo Real de Greenwich organiza una competencia que premia lo mejor de la fotografía astronómica en diversas categorías.

    Las mejores fotografías astronómicas de 2013 / 

    En uno de los fragmentos de su inacabado Libro de los pasajes, Walter Benjamin reparó en uno de los temas más socorridos de esa situación social en que nos encontramos con alguien que no conocemos, o que conocemos apenas y con quien, sin embargo, por alguna razón existente o inexistente, real o imaginaria, estamos obligados a hablar. Entonces echamos mano del clima del día. Coincidimos en el ascensor con un compañero de oficina que vemos solo cada tanto y por necesidad laboral, abordamos un taxi en donde pasaremos varios minutos a solas con el chofer, repentina e inesperadamente quedamos a solas con el amigo del amigo y tal parece que en ninguna de esas situaciones podemos quedarnos callados. Y hablamos entonces de los días lluviosos que hemos vivido recientemente, del intenso sol del verano, del frío matutino. Un asunto compartido, convencional hasta la banalidad, en donde se inscribe el apunte de Benjamin: «Nada aburre más al hombre común que el cosmos. De ahí que para él exista la más estrecha relación entre el clima y el tedio».

    En este par de líneas el filósofo contrasta las perspectivas antigua y moderna ante el hecho celeste. Mientras que en civilizaciones anteriores los cielos eran morada de dioses y lienzo de presagios, para el hombre moderno se trata, si acaso, de un elemento más de su realidad donde ocurren fenómenos cotidianos y quizá ocasionales pero en última instancia incomprensibles. Como en el poema breve de Octavio Paz que, significativamente, se titula “Analfabeto”, para el hombre común el cosmos no es quizá ni siquiera un enigma, porque quizá tampoco se plantea la necesidad de entenderlo o resolverlo:

    Alcé la cara al cielo,

    Inmensa piedra de gastadas letras:

    Nada me revelaron las estrellas

    Y, con todo, el cosmos es fuente inagotable de asombro. Su desmesura es material pero también intelectual: nuestra razón la entiende pero al mismo tiempo resulta sobrepasada. Si algún grado de tedio se siente ante su presencia quizá se deba a eso: a que irremediablemente nos supera y nos desborda. Un tedio esencialmente racional que de algún modo nos impide darnos cuenta que un componente esencial de la admiración no pertenece a los dominios del pensamiento lógico, sino más bien a la entrega sensual de la percepción.

    Cada año el Royal Museum de Greenwich organiza un concurso que tiene como finalidad premiar las mejores fotografías astronómicas en diversas categorías. Así, “La Tierra y el Espacio”, “Nuestro Sistema Solar” o “Espacio Profundo” son algunas de estas agrupaciones temáticas que de algún modo dan nombre a formas en que el cosmos está presente en nuestra vida diaria a lo largo del calendario. Asimismo cabe mencionar, por un lado, la categoría “Fotógrafo astronómico joven del año”, diseñada para personas menores de 16 años que ya con este límite de edad poseen el talento suficiente para conseguir impresionantes tomas del universo y, en segundo lugar, el premio que se concede a la mejor fotografía de todas las participantes, el llamado “Overall winner” que recibe como premio el título de “Fotógrafo astronómico del año” y una suma de mil quinientas libras.

    Este 2013 el australiano Mark Gee fue el triunfador de la competencia con una imagen en la que el horizonte terrestre comparte marco con el celeste: el paisaje semi-árido de la North Island de Nueva Zelanda entra en armonía con las Nubes Magallánicas y la zona central de la Vía Láctea, galaxias vecinas entre sí. “Guiding Light to the Stars”, “La luz que guía a las estrellas”, llamó Gee a su toma.

    Otros ganadores destacados son el chino Man-To Hui, en “Nuestro Sistema Solar”, con una imagen que muestra la corona solar durante el eclipse total del pasado 12 de noviembre avistado en el Hemisferio Sur, y el estadounidense Adam Block en la categoría “Espacio Profundo” con una imagen de la nebulosa Sh2 - 239, una estructura estelar cuyos cambios ocurren cada cientos de millones de años: la eternidad de la escala humana.

    En suma, el concurso nos muestra que el cosmos se encuentra indudablemente entre las fuentes más inagotables de asombro por este momento y esta realidad a la que también pertenecemos.

    Imágenes

    I: Corona Composite of 2012: Australian Totality,Man-To Hui 

    II: Celestial Impasto: sh2–239, Adam Block

    III:  Guiding Light to the Stars, Mark Gee

    Tagged: cosmos, universo, astronomía, fotografía del universo, fotografía astronómica, inspiración