• Guerreros y Rebeldes

    • El miedo al éxito y al fracaso son las dos caras de una misma moneda.

    Vive tu sueño: nadie puede vivirlo por ti / 

    “La gente que está viviendo sus sueños son gente que sabe que, si va a ocurrir, depende de ellos.”

    Richard Branson

    Todos recordamos el famoso discurso de Martin Luther King, “I Have a Dream”. Se trata de uno de los discursos políticos más potentes de la era moderna, y en parte gracias a él la perspectiva del sueño como un horizonte de cambio para la realidad ha quedado sólidamente sustentada. No se trata del “soñar despierto” que la gente suele confundir con distracciones, con el pensamiento make believe, ni con un falso optimismo a la moda: se trata de construir una visión para nuestra propia vida y enseñarnos a vivir de acuerdo a ella.

    Los agentes de cambio, rebeldes y soñadores de todos los tiempos nos han enseñado sus rutas para generar estas visiones, pero ninguno puede hacernos vivirlas. Ni líderes religiosos como Jesús o Buda, ni pensadores políticos como Luther King o Nelson Mandela, ni íconos pacifistas como Gandhi o John Lennon pueden cambiar un ápice nuestra forma de vida si no vivimos acordes a una visión propia: los soñadores nos enseñan a soñar, pero nadie puede soñar el sueño de otro.

    Eso es lo maravilloso de los sueños: son intransferibles.

    Podemos contar a otros nuestro sueño, nuestra visión, pero no podemos hacer que nadie la experimente en carne propia. Tenemos que vivir esa visión para que los demás aprendan por sí mismos a vivir su propio sueño.

    Existen dos miedos básicos que nos impiden vivir nuestros sueños: el miedo al fracaso y el miedo al éxito.

    El miedo al fracaso implica que nuestra visión sigue subordinada a la aprobación de los demás. Que en nuestro fuero interno aún estamos solicitando permiso para hacer lo que más deseamos, para perseguir nuestro sueño y entregarnos a él, ahí donde nos lleve. Es también el miedo a lo desconocido: nadie puede prever el futuro, nadie sabe lo que nos aguarda después de este día. Pero el fracaso puede ser domado si aprendemos a hackearlo, es decir, a comprender cómo funciona y a intervenir su funcionamiento.

    Fracasar es una elección: nuestra visión puede encontrarse con retrasos, con obstáculos o con oposiciones; pero si nuestra visión, si nuestro sueño es fuerte, aprenderá a alimentarse y a aprender de estos retrasos, convirtiéndolos en tiempo ganado; de los obstáculos extraerá aliados; de las oposiciones, aprenderá a afinarse y a descubrir sus puntos débiles. Sólo fracasamos cuando renunciamos a nuestro sueño, y renunciar a él es una elección que tomamos en cada momento.

    El miedo al éxito es la contraparte de esta elección: el éxito no es una meta programada socialmente, ni unos parámetros que debemos alcanzar. Nuestro éxito se mide solamente en nuestros propios términos, en los términos a los que nuestra visión nos lleve. Probablemente nos encontremos pensando: muy bien, seguiré mi sueño, ¿y cuando lo alcance, qué seguirá? No lo sabemos, porque el futuro, como dijimos, siempre es cambiante y desconocido. Pero si nuestra visión es suficientemente poderosa y amplia, no se limitará a darnos satisfacción personal: siempre seguirá motivándonos y sugiriéndonos nuevas rutas, nos llevará con ella a lugares y personas insospechadas, se convertirá en nuestra vida y nuestra vida será nuestro sueño.

    Tal vez para seguir nuestra visión o nuestro sueño lo único que tengamos que tener en mente sea esto: entregarse al sueño implica dar un salto de fe una y otra vez, cada día, todos los días. No se trata de una elección de un momento, sino de estar eligiendo ser congruentes con ese sueño, con esa visión, pase lo que pase, pues la congruencia no es sino una elección que se sostiene a sí misma, aunque todo alrededor cambie.

    Tagged: sueños, inspiración, éxito