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Delicatessen Musical

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  • Excentricidad

    • Una arista poco conocida de Jean Baudrillard: su incursión en la poesía a través del jam y la experimentación musical en el álbum "Suicide Moi".

    Jean Baudrillard & The Chance Band: Suicide Moi #PoésieExpérimentale / 

    Hiperrealidad de las huellas

    Para entender la hiperrealidad o, en términos de Baudrillard, el «Simulacro» de la realidad –que yace en nuestro subconsciente encarnado como un tumor en el nous del alma–, es imprescindible olvidarse de las huellas de aquellas apariencias que nos hacen olvidar la sustancia pura del mundo: el vacío. El vacío de la nada, el ente desnudo, la verdad, la realidad sin sentido natural que podemos encontrar fácilmente en las bellas artes exorcizadas, como lo es la música y los sonidos indefinidos aparentemente sin rumbo.

    Acusado de cínico y pretensioso por intelectuales como Alan Sokal y Bricmont, acusado de nombrar en vano términos científicos sin fundamentos empíricos que sustentaran sus hipótesis, Baudrillard nunca se preocupó en mostrar una filosofía clasificable o razonable. El surgimiento de la poesía en sus textos nubló constantemente el entendimiento de sus obras: “Lo que escribiré tendrá cada vez menos oportunidad de ser comprendido. Pero eso no es mi problema. Yo estoy en una lógica de desafío”. Esta afirmación la ejemplifica impecablemente en un jameo experimental y poético, realizado durante el Chance Festival en el Casino Whiskey Peter de Nevada, en 1996 –y que posteriormente fue grabado como álbum bajo el nombre de “Suicide Moi”.

    Se trata de un show de perfección caótica: profusión instrumental y lirismo nihilista interpretados por el filósofo francés en compañía de grandes neuromantes de la música: Tom Watson (Red Krayola), George Hurley (Minutemen, Firehose), Mike Kelley, Dave Muller (Destroy All Monsters, Gobbler), el saxofonista Lynn Johnston, y hasta la teórica y pionera del Transfeminismo, Sandy Stone.

    Suicide Moi se divide en doce tracks sin título, eclipsándose en el fascinante juego de la improvisación y los sonidos orquestales. Se arriesga a sucumbir ante la mezcla de ilusiones y estética deconstructiva, cuya esencia, descansa en una premisa dictada por el autor: “La música virtual sin fallas, sin imaginación, que se confunde con su propio modelo y cuyo goce es también virtual, ¿se trata aún de música?”, una alegoría que despedaza la banalidad sacralizada de la música moderna y su estructura aparente de perfección. Tétrico, si nos damos a la tarea de analizar los arreglos subversivos sin ritmo de cada track perversamente vesánico, acompañando la retórica vagabunda del potente Baudrillard.

    “El pensador más importante y original de los últimos veinte años” (así lo define Ballard), podría nunca haber figurado en nuestras mentes como un filarmónico o como un enterrador de falsedades utópicas en medio de euritmias pasionales. Sin embargo, el lenguaje de la música es posiblemente uno de los pocos medios subliminales que aducen naturalmente su llamada constelación del sentido perfecta o bien, un sin sentido del mundo moderno, libre de las limitaciones a nuestros oídos y especialmente a nuestra imaginación. 

    Tagged: Jean Baudrillard, música, poesía
  • Delicatessen Musical

    • Esencialmente narrativo, irónico e intrigante, el segundo álbum de Lynch a lo menos te hará reflexionar un poco.

    The Big Dream, el nuevo album de David Lynch / 

    Recientemente David Lynch, el genial cineasta que por segunda ocasión lanza un LP musical, estrenó The Big Dream. Por momentos ácido y visceral, este álbum se desliza, a lo largo de doce tracks, sobre una especie de oscuro blues y rock de época. Seducción, fatalidad, melancolía, y metafísica, se funden en una narrativa lúdica –con súbito aroma a un rodeo eléctrico, a una pesadilla vintage, o a una noche de graduación transtemporal. 

    Lo que seguramente fueron, en un principio, disfrutables y espontáneos jams, terminan siendo sofisticadas atmósferas –gracias a la intervención de su colaborador ‘Big Dean Hurley’–, repletas de loops, guitarras, samplings, y teclados, que acompañan los terapéuticos monólogos de Lynch, encargado de las vocales. La combinación de todo lo anterior, cataliza el ‘sonido sucio’, tipo garage, que caracteriza al disco, en un desfile de lúcida ironía.

    Fiel a su estilo cinematográfico, el también artista plástico y efusivo promotor de la meditación trascendental, nos ofrece con este álbum elegantes herramientas para distorsionar aquello que calificamos como ‘la realidad’ –una catártica invitación a sumergirte en una aventura onírica.

    Si bien no estamos ante un disco que pasará a la historia por su calidad musical, lo cierto es que su propuesta es destacable –más allá de que difícilmente se puede separar la admiración que sentimos por el trabajo cinematográfico de su autor. En pocas palabras, lo más recomendable sería disfrutar de este álbum, como si se tratase de una sesión de psicoanálisis, recostado sobre un diván de terciopelo azul.

    Track: Star Dream Girl

    Tagged: David Lynch, música, The Big Dream David Lynch, nuevo disco David Lynch
  • Delicatessen Musical

    • El genial compositor californiano nos deleita con esta nueva obra que te resultará, por lo menos, difícil de olvidar.

    Jane 1-11, el nuevo álbum del maestro ambientalista, Harold Budd / 

    Jane 1-11 es el título de la recién estrenada obra del compositor ambientalista, Harold Budd. A diferencia de sus discos pasados, el minimalismo y la belleza avant se rompen en once piezas que son parte de una misma mujer: Jane. Jane está compuesta por campanas y fantasmas; metales y alientos, cambiando constantemente de posición en el paisaje sonoro que la contiene, mismo que ella está creando al moverse. Aún en ausencia absoluta de humanidad (como en Jane 1), la belleza musical se empata con el escucha promedio, llevándolo sin darse cuenta a un romance con la mujer climática y espiritual que, más que pedirte que bailes con ella, te incita a escuchar su conversación con los instrumentos.

    Con Harold Budd el avant-garde se vuelve clásico, antiguo. Sus discos nunca podrían estar de fondo porque la música cambia todo el tiempo de locación: cuando parece que ya te acostumbraste a una frecuencia y casi la estas dejando de escuchar, algún sonido se mueve de plano y te hace parar lo que estés haciendo y escuchar. Jane 4 es un ejemplo perfecto de esto; te concentra de pronto en el clima, si tienes una ventana enfrente, o en ti mismo, estés donde estés. En cuanto a la realización de su disco, Budd apuntó lo siguiente:

    Es simple. Surgí y regrese a mis días pasados: un triángulo de riesgo, improvisación y gozo; como digo: muy simple. Mis reglas fueron: ningún plan, ninguna nota, ninguna idea, ningún micrófono; excepto para Jane 1, lo seguí al pie de la letra. Mi otra regla –la más importante- fue: al menos una pieza al día terminada, mezclada y lista para no regresar a ella de nuevo. Jane 7, 8 y 9 fueron hechas en un día… Brad Ellis fue mi guía en esto: un día en el que no me cansé… Listo para seguir de nuevo…

    Jane 1-11, además de ser muy recomendable para escribir, leer, contemplar, es una danza irregular con fantasmas gozosos –y por momento agónicos- que te sostienen sobre la atmósfera. El fantasma de Jane, que, dicho sea de paso, es el nombre de la artista que diseñó la portada, es una nostálgica belleza llena de triángulos y campanas. Y recordando el poema de John Donne:

    Nunca procures saber por quién doblan las campanas:

    Doblan por ti.

    El disco completo se puede escuchar en este enlace.

    Tagged: música, recomendaciones música Sphere, ambient trance, Harold Budd, inspiración

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